هل سألت نفسك؟ من خلقك؟ ولماذا؟ وماذا بعد الموت؟

هل سألت نفسك؟ من خلقك؟ ولماذا؟ وماذا بعد الموت؟

كتاب: هل سألت نفسك ؟ من خلقك؟ ولماذا ؟ وماذا بعد الموت؟ كتاب مختصر يتحدث عن إجابة أسئلة الإنسان الوجودية ويحرك الفطرة بضرب بعض الأمثلة والحجج العقلية وبيان دلائل الإسلام بأسلوب مختصر.

Language: lang_es
Prepared by: El Comité Científico de la Asociación para el Servicio del Contenido Islámico en Diferentes Idiomas
Version: 2.0
Translations 49
Afrikanns Assamese Azerbaijani Bosnian +45
Attachments 7
PDF
Audio
Video
+3

¿Alguna vez te has preguntado? ¿Quién te creó a ti?, ¿y con qué propósito?, ¿y qué hay después de la muerte?

El Comité Científico de la Asociación para el Servicio del Contenido Islámico en Diferentes Idiomas

¿Quién te creó a ti, oh ser humano? Si miraras tu cuerpo bajo el microscopio, verías un mundo de precisión y maravilla, pues cada célula de tu cuerpo lleva en su interior información genética con códigos complejos. ¿Te has preguntado quién escribió estos códigos? ¿Y quién los colocó en su lugar correcto?

Cada edificio imponente y cada casa modesta cuentan la historia de su creador; ¿es razonable pensar que este vasto universo, con su belleza, precisión y orden en los detalles, existe sin un Creador?

Oh ser humano, así como tu mente no acepta que se te diga que un teléfono inteligente, perfectamente diseñado, apareció de repente sin un diseñador ni un creador, o que una red compleja de dispositivos funciona en armonía y precisión sin un programador o supervisor, de la misma manera, la razón no puede aceptar que se le diga que este vasto universo, con todo su orden, creatividad, leyes precisas y sistema perfecto, ha existido sin un Creador.

Cada pieza de este universo, desde el átomo más pequeño hasta la galaxia más grande, indica la grandeza de su Creador; es lógicamente imposible que este sistema preciso haya surgido del caos. La razón rechaza que este universo haya surgido de la nada, o que este sistema maravilloso y complejo sea el resultado de una casualidad ciega.

Así como la razón clara y la disposición natural sana conducen al ser humano a la fe en la existencia de un Creador del universo, también nos impulsan a reflexionar sobre los atributos de este Creador y Su derecho sobre nosotros.

Reflexionar sobre las cualidades de este Creador nos abre puertas a una comprensión profunda sobre la necesidad de que se caracterice por la perfección absoluta y sea declarado libre de toda deficiencia.

Esto significa que el Creador se caracteriza por todos los atributos de belleza y grandeza, pues Él es el capaz de todo, el conocedor de todo, el sabio en todo lo que ha creado y decretado. Esta perfección no es solo una posibilidad, sino una necesidad intelectual, ya que cualquier deficiencia en Sus atributos conduciría a un desorden en la creación y disposición, lo cual es contrario a la perfección que observamos en el universo.

El Creador, al estar exento de toda deficiencia, debe ser Rico y autosuficiente, sin necesidad de Sus criaturas, mientras que todos dependen de Él para su existencia y continuidad. Él, glorificado y exaltado sea, está libre de tener socios o hijos, ya que estos son manifestaciones de deficiencia e incapacidad, y Dios, enaltecido y exaltado sea, está exento de todo ello.

Si Al-láh es el Gran Creador, dotado de atributos de perfección y grandeza, quien nos ha creado a nosotros y al universo desde la nada, quien es el dueño de todo lo que hay en él, quien nos provee y nos rodea con Su misericordia, quien es el que dispone y controla todo; ¿acaso no debemos agradecerle, buscar cómo ganar Su complacencia y cumplir con el deber que tenemos hacia Él, y trabajar para lograr el propósito para el cual fuimos creados?

¿Es lógico que Al-lah nos haya creado y luego no nos aclare qué es lo que quiere de nosotros? ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es el objetivo y propósito de nuestra existencia? ¿Qué sucede tras la muerte?

Imagina que una persona construye un palacio lujoso y lo equipa con la tecnología más avanzada, y luego, al terminarlo, decide de repente demolerlo por completo sin motivo alguno. ¿Podríamos describir a esta persona como sabia? ¿No es evidente que un acto así se consideraría absurdo e indigno de alguien sensato?

Si tal acción no es aceptable en el caso de un ser humano, ¿Cómo podríamos imaginar que Al-lah, el Sabio, el Conocedor, haya creado este magnífico universo con creatividad y perfección, para luego destruirlo sin objetivo ni sabiduría?

Al-lah creó a los seres humanos por una grande y sabia razón, que es adorarlo a Él solo sin asociarle nada, y los creó para probarlos en esta vida mundana, y les ha fijado una cita en la que serán resucitados el Día del Juicio para ser juzgados por sus obras; así que quien cree en Al-láh y responde a Su llamado tendrá el deleite del Paraíso, donde morará eternamente, y quien se aparta de la verdad será de los habitantes del Fuego.

La adoración es entonces un derecho obligatorio sobre nosotros porque es el propósito de nuestra existencia, y es una muestra de nuestro agradecimiento y reconocimiento de la Soberanía y Divinidad de Al-láh.

Reflexiona que Al-láh, Glorificado y Enaltecido sea, es Quien te creó y te honró con el oído y la vista, y te rodeó con gracias innumerables. Es Él quien hace fluir la sangre en tus venas, y te provee con agua y aire, y en cada momento dependes de Él. Sin Su misericordia y cuidado, perecerías y tu fuerza se desvanecería. De hecho, Él, Glorificado sea, se encargó de tu sustento cuando eras un feto en el vientre de tu madre, incapaz de controlar nada de tus asuntos.

¿Acaso no merece este Creador Supremo que lo adores como Él quiere, y no como tú deseas? Reflexiona, si quisieras regalarle algo a tu madre, ¿elegirías lo que satisface tus propios deseos, o te esforzarías en conocer lo que a ella le gusta para alegrarla con lo que le conviene? De igual manera, la adoración a Dios, el Altísimo, no debe ser conforme a nuestros caprichos o tradiciones heredadas, sino como Él, glorificado sea, lo ha querido, y de la manera que nos ha ordenado.

Es obligatorio que la adoración sea exclusivamente para Al-lah, el Altísimo, sin asociados; por lo tanto, no le es lícito al ser humano dirigir la adoración a otro que su Creador. Y el más grave de los pecados que acarrean la eternidad en el Infierno es la idolatría, esto es, asociar copartícipes a Al-lah: que la persona adore algo distinto de Él de entre Sus criaturas, como los ídolos, el sol o la luna, o que adore a un ser humano, un animal o a un hombre piadoso. Todo ello son formas de politeísmo y de incredulidad; y quien muera en ese estado tendrá por destino la eternidad en el Infierno.

Al-lah envió a muchos profetas y mensajeros para informarnos sobre el propósito de nuestra existencia en este mundo y el objetivo de la vida. Todos los mensajeros compartieron un mismo mensaje: el mensaje del Islam y la invitación a la adoración exclusiva del Creador, sin asociarle nada. Sin embargo, algunos distorsionaron y alteraron lo que trajeron los mensajeros anteriores. Por ello, Al-lah envió al último de los mensajeros, Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean sobre él, y le reveló el último mensaje para la humanidad, el Corán. Existen numerosas evidencias racionales y científicas que demuestran que el Corán es la palabra de Al-lah y que es el único libro que no ha sido alterado ni cambiado. Al-lah nos ha informado en el Corán que no aceptará de la humanidad otra religión que no sea el Islam, y que todos los mensajeros compartieron un mismo mensaje: la invitación a la unicidad del Creador y a Su adoración exclusiva, sin asociarle nada. Asimismo, Al-lah nos ha informado en el Corán que hay un Paraíso y un deleite eterno para los creyentes, y que hay un Fuego y un castigo doloroso para quienes adoren a otro que Al-lah o rechacen entrar en el Islam.

Lo que distingue al Islam de otras religiones es que los musulmanes son los únicos capaces de presentar evidencias racionales y hechos científicos, basándose en fuentes de conocimiento confiables, para demostrar que el Corán, que tienen en sus manos hoy, es la palabra de Dios, el Creador, glorificado sea, preservada de cambios y alteraciones.

El Sagrado Corán es el libro que Al-lah reveló a su profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él. Desde hace más de catorce siglos, Al-lah desafió a la humanidad a producir algo semejante, o incluso una sola sura similar, pero han fracasado en el desafío. El reto continúa hasta el día de hoy, sin que nadie haya podido igualarlo en elocuencia, claridad, milagrosidad y legislación. Aun así, a lo largo de los siglos, nadie ha conseguido traer nada como él ni siquiera algo que se le aproxime. Y la milagrosidad del Corán no se limita a su lenguaje, que alcanzó la cumbre de la elocuencia y la claridad; se extiende para abarcar pruebas lógicas y verdades científicas que confirman que es la palabra de Al-lah. Si el Sagrado Corán contiene evidencias claras que prueban que es la palabra de Al-lah, entonces la actitud racional y lógica es creer en él y seguir lo que en él se prescribe, en lugar de apoyarse en otros libros que se han visto afectados por la intervención humana en su composición.

La razón sana nos lleva a concluir que la palabra del Creador, quien ha creado el universo y perfeccionado su orden, es la fuente más veraz para conocer la verdad. Y cuando encontramos en el Corán este milagro en su lenguaje, sus verdades científicas, sus legislaciones integrales, además de su preservación contra la alteración a través de los tiempos, no hay más remedio que aceptar que es la palabra de Al-láh.

Por lo tanto, la fe en lo que se ha revelado en el Corán no es solo una opción de fe, sino una decisión racional que se alinea con la lógica de la búsqueda de la verdad.

Y Al-lah, Glorificado y Enaltecido sea, ha aclarado en el Corán que no nos creó sin propósito, sino que nos creó para adorarlo.

Al-láh nos ha informado en el Corán que esta vida mundanal que vivimos es solo una etapa temporal que pronto terminará, pero la vida verdadera y eterna será en el más allá, cuando los creyentes entren al paraíso y los incrédulos al fuego.

El Creador, quien nos hizo surgir de la nada, ciertamente tiene el poder de devolvernos a la vida después de la muerte, y en las señales de Al-láh en el universo que nos rodea, encontramos una prueba tangible de la infinita capacidad de Al-láh para revivir lo que estaba muerto; así como Al-láh saca el fuego del árbol verde, hace brotar las plantas y los frutos de la tierra seca, y crea al feto en el vientre de su madre a partir de una gota, Él, glorificado sea, es capaz de resucitar a los muertos y levantarlos de sus tumbas para el juicio en el Día de la Resurrección, porque Al-láh es sobre toda cosa Poderoso; y sería una injusticia y un agravio que la vida del opresor y del oprimido concluya sin rendición de cuentas ni retribución.

Y puede que uno se pregunte: ¿Por qué elige uno el Islam y no otra religión?

Lo que más distingue al ser humano de las demás criaturas es la mente, cuya función es pensar y buscar la verdad.

El Islam es una religión que se concuerda con la razón sana y la disposición natural, ofreciendo respuestas lógicas a las grandes preguntas existenciales: ¿Por qué estamos aquí? ¿Cuál es el propósito de nuestra vida? Y ¿Cuál es el destino después de la muerte?

El Islam se fundamenta en dedicar la adoración exclusivamente al Creador y en el testimonio de que "no hay divinidad digna de ser adorada fuera de Al-lah"; este es el primero de los dos testimonios de fe, y es el fundamento de la fe en el Islam, y significa que no hay nadie que merezca la adoración con derecho salvo Al-lah, solo Él.

Y este testimonio incluye lo siguiente:

At-Tawhid: es la fe en que Al-láh, Exaltado sea, es el único digno de adoración, sin socios, sin hijo y sin igual.

El repudio del Shirk (asociar iguales a Al-lah): consiste en negar todos los ídolos y las deidades hechas por los seres humanos.

El Islam exige la fe en todos los mensajeros, por lo que los musulmanes creen, tal como Al-lah nos informa en el Corán, que Jesús fue un siervo y mensajero de Dios, y no su hijo, ya que Dios, en su magnificencia, está exento de tener cónyuge o descendencia, pues es autosuficiente y no necesita de nada ni de nadie. Al-lah nos ha revelado en el Corán que Jesús fue un profeta al que Dios dotó de numerosos milagros, enviado específicamente para llamar a su pueblo a la adoración exclusiva de Dios, sin asociados. Nos enseña además que Jesús nunca solicitó ser adorado; al contrario, Jesús mismo adoraba a su Creador. Si deseas ser un verdadero creyente en Jesús, de la manera que Al-lah ama, debes entrar en el Islam.

Al-láh nos ha informado en el Corán que Jesús ordenó a su gente adorar solo a Al-láh y les advirtió contra la asociación (Shirk).

¿Es lógico que una persona racional adore a una criatura como él, que siente hambre y sed y no puede evitar la muerte o el daño para sí mismo? ¿Cómo adoras, oh ser humano, a Jesús, hijo de María, siendo él un ser humano que necesitaba alimento y bebida, y que se dirigía a su Creador en oración? ¿Puede la razón concebir que Dios se ore a sí mismo? Al-láh no es acaso el que posee la grandeza, único en Su perfección, exaltado por encima de cualquier semejanza o igual, y todo en el universo está bajo Su poder y dominio? ¿Cómo es posible que el Creador de los cielos y la tierra se rebaje a nacer como un niño, y luego se entregue a Su creación para ser crucificado? Aquellos que son crucificados y asesinados son los seres humanos mortales, pero el Creador es el Viviente que no muere, el Omnipotente que no se ve afectado por el sueño ni el cansancio. ¿No es parte de Su perfecta grandeza y majestad estar exaltado por encima de tales cosas?

Al-lah nos ha informado en el Sagrado Corán que todos los mensajeros vinieron con un único mensaje que se resume en invitar a sus pueblos a adorar solo a Al-lah, sin asociados. Sin embargo, a lo largo del tiempo, algunos distorsionaron este mensaje eterno, oscureciendo la luz del monoteísmo que trajeron los profetas. Por ello, Al-lah envió al último de los mensajeros, Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean sobre él, y le reveló el Sagrado Corán para renovar el mensaje de monoteísmo que todos los mensajeros habían traído antes.

Y en conclusión te decimos, oh, ser humano:

El Islam es la religión de la razón y la naturaleza innata, y es la única religión que el Creador Supremo ha legislado para la humanidad; por tanto, es esencial para toda persona dotada de razón apresurarse a abrazar el Islam, aceptando a Al-láh como su Creador, el Islam como su camino de fe y a Muhammad como su profeta. Esta decisión trasciende la mera elección individual, dado que, en el Día del Juicio, Al-láh preguntará a cada uno sobre su respuesta al llamado de sus profetas. Aquellos que afirmen su fe recibirán una recompensa grandiosa y éxito eterno; mientras que los que la rechacen enfrentarán una derrota y perdición evidentes.

Si buscas la verdadera felicidad en este mundo y el triunfo en el Más Allá, ten por cierto que la decisión más importante que puedes tomar en tu vida es ingresar al Islam. Solo tienes que pronunciar estas palabras con fe sincera en tu corazón: "Atestiguo que no hay dios que merece la adoración sino Al-láh, y atestiguo que Muhámmad es Su Mensajero". Luego, comienza a aprender tu religión y a obrar conforme a lo que exigen las dos declaraciones de fe: creer en Al-láh y en Su Mensajero y comprometerte con los pilares del Islam.

Declárala ahora mismo, y no vaciles, pues la muerte puede sobrevenir de improviso; no demores tu decisión en un asunto de tal importancia. No permitas que el demonio te aparte del bien. Sé valiente e inicia tu camino hacia la luz y la guía.

Toma tu decisión ahora, y comienza una vida nueva colmada de serenidad y satisfacción.

Doy testimonio que no existe otra divinidad que merezca la adoración excepto Al-lah, y doy testimonio que Muhammad es el Mensajero de Al-lah.