وَٱقۡتُلُوهُمۡ حَيۡثُ ثَقِفۡتُمُوهُمۡ وَأَخۡرِجُوهُم مِّنۡ حَيۡثُ أَخۡرَجُوكُمۡۚ وَٱلۡفِتۡنَةُ أَشَدُّ مِنَ ٱلۡقَتۡلِۚ وَلَا تُقَٰتِلُوهُمۡ عِندَ ٱلۡمَسۡجِدِ ٱلۡحَرَامِ حَتَّىٰ يُقَٰتِلُوكُمۡ فِيهِۖ فَإِن قَٰتَلُوكُمۡ فَٱقۡتُلُوهُمۡۗ كَذَٰلِكَ جَزَآءُ ٱلۡكَٰفِرِينَ
Den muerte [a aquellos que los ataquen] donde quiera que los encuentren, y expúlsenlos de donde los han expulsado a ustedes, porque la opresión [y la restricción de la libertad a la que son sometidos por los agresores] es más grave que combatirlos. No combatan contra ellos en la Mezquita Sagrada, a menos que ellos los ataquen allí; pero si lo hacen combátanlos, esta es la retribución que recibirán los que rechacen la verdad.
- Este versículo suele citarse fuera de contexto para presentar al islam como una religión que promueve la violencia. Sin embargo, leído junto con sus versículos relacionados (2:190–193), el pasaje establece de forma explícita que el combate se autoriza únicamente como respuesta a una agresión previa y dentro de límites bien definidos. El texto comienza ordenando combatir solo a quienes combaten y prohíbe claramente la transgresión, es decir, agredir a civiles, y concluye estableciendo que, si cesa la agresión, debe cesar también el enfrentamiento y restablecerse la paz. El objetivo del pasaje no es promover la violencia, sino regular el derecho a la legítima defensa, y poner fin a la persecución y a la injusticia, subrayando que Dios no ama a quienes exceden los límites.